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"Noelia Escribano, la niña que vivió del fútbol"

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Tony García

@tonymamarracho

 

noegarcia

 

“No se trata de si te derriban, se trata de si te levantas”.

Como un dogma, como una filosofía de vida escribe esta frase de Lombardi la guardameta del Pozuelo de Alarcón de la Segunda división femenina, Noelia Escribano (Madrid, 1998). Lo hace en su perfil de Facebook junto a otras publicaciones donde ensalza a su equipo y a sus compañeras, comparte fotografías donde aparece junto a sus padres y hermanos o posa mostrando los guantes de la marca que le patrocina. De vez en cuando, en su muro aparece una publicación acerca de la enfermedad que le tocó vivir en carne propia y en las que no aparecen, sin embargo, las palabras dolor, injusticia o rendición siendo estas sustituidas por otras como sonrisa, superación o ejemplo. Buena carta de presentación para una futbolista especial como Noelia porque, contra el tópico de mujer futbolista intrascendente, la vallecana se muestra como una persona tenaz e inteligente, con sueños por cumplir y etapas que vivir porque eso es lo que más destaca ella, que aún le queda mucho por vivir, y lo hace mientras esboza una sonrisa de satisfacción difícil de describir, difícil de descifrar. Las siguientes líneas son fruto de los encuentros que mantuvimos tras contactar por teléfono. En aquella llamada, y con una educación notable, Noelia Escribano aceptó que contara su historia sin poner un solo pero ni una objeción, me dejó libertad absoluta para dar forma a estas líneas y así lo hice por lo que esta es la historia de la portera vocacional que hizo de su experiencia una fuerza más para seguir avanzando en el fútbol y en la vida. Esta es la historia contada en tercera persona de una vida muy llena pese a su insultante juventud, es la historia de Noelia Escribano, la portera que detuvo el lanzamiento más peligroso que nunca pudieron enfrentarle, la niña que aún sonríe porque se siente feliz de poder jugar al fútbol.

1. Noelia y el fútbol

Desde bien temprano, la pequeña Noelia ya le daba patadas a un balón y le daba a este divertimento un valor muy alto en su vida, simpatizaba con el Real Madrid y ya soñaba con alcanzar grandes metas pero niña y padres desconocían la posibilidad de clubs que permitieran jugar a niñas -uno no puede evitar en este punto comprender los pasos gigantescos que el fútbol femenino ha dado en este país y cuan diferente era la situación tan solo unos años atrás- y hasta los 10 años no perteneció a la disciplina del Rayo Vallecano, el equipo de un barrio, de su barrio, en el que continuó dando patadas a un balón mientras en esta ocasión una entrenadora supervisaba cada movimiento de Noelia y sus compañeras. De esta manera, Sonia Bermúdez, que no necesita presentación, entrenaba a aquel conjunto de pequeñas rayistas que soñaban con convertirse en Natalia Pablos, Jennifer Hermoso o Sonia Vesga mientras seguían por televisión a Iniesta, Xabi Alonso o Armenteros. En la mente de la joven Noelia un ídolo: Iker Casillas, guardameta en aquellos momentos del Real Madrid. A una jugadora de campo cuyo máximo modelo era un portero es fácil imaginar que la empatía deportiva disponía un problema de falta de vínculo real por lo que, como era de esperar, la niña llegó a casa un día con una petición: “Quiero ser portera” pero antes de poder cumplir su sueño,un suceso marcaría su vida y la de su familia para siempre. Ella lo cuenta mientras te mira a los ojos, lo cuenta con un orgullo que roba un tiempo procesar y no busca la pena o la condescendencia:“Vino a mí, me pasó sin elegirlo pero me hizo muy fuerte”– dice con la voz sin temblar, segura de sí misma para puntualizar tras una pausa: “No fue sencillo pero al final queda lo que aprendes por el camino”. Sorprende por la capacidad que tiene Noelia de contar su experiencia con la sobriedad de una persona de mucha más edad –de esta manera, y con estas mismas palabras, se lo transmití en el primero de nuestros encuentros- pero hablando de fútbol se emociona y verdaderamente puedes sentir que ella vive el fútbol como algo especial y que esa pasión, que nació cuando aún ni puede recordar, le acompaña a día de hoy de una manera casi religiosa.

Rayista no de cuna pero sí de convencimiento tras varios años vistiendo la camiseta franjirroja, no fue sencillo abandonar Vallecas tras un año aciago en lo deportivo. Después de su traumática salida del Rayo Vallecano, recaló en el Pozuelo para poder seguir disfrutando del fútbol, para poder sentirse valorada en el campo y en el vestuario. ¿Fue un proyecto deportivo lo que le convenció?No, fue la insistencia del cuerpo técnico la que encendió la luz en sucabeza: “No era una etapa fácil en el Rayo Vallecano y desde el primer día la gente de Pozuelo me mostró un interés que necesitaba para sentirme importante, con confianza” – dice Noelia. Debutó con 15 años en Segunda división y, como otras tantas jugadoras, tuvo que buscar salida del filial vallecano pero, a diferencia de muchas otras que toman la decisión por ver sus puertas cerradas en el primer equipo, Noelia se decidió a cambiar de aires por no encontrar su felicidad en ese vestuario: “Sentía que no se confiaba en mí y cada error era un suplicio. No se puede jugar de esa manera, con miedo a fallar ”.

Transcurrida una temporada casi completa desde su marcha, no solo no se arrepiente sino que define como un acierto el haber tomado tan dura decisión.“Claro que no fue fácil, yo ya era una rayista más, he viajado para ver al primer equipo ganar una Copa de la Reina, he visto cada partido que he podido y he sentido esa camiseta como mía y aún lo siento así”. Desde fuera, esa sensación de que el Rayo Vallecano va perdiendo exponentes de cantera año tras año por el muro que se encuentran más adelante, era frecuente pero Noelia Escribano no toma como cierta esa afirmación, al menos en lo que respecta a su caso personal, y sentencia de manera cristalina: “En el primer equipo está Alicia Gómez, una de las mejores porteras de España y un ídolo para todas las porteras que venimos de abajo. Cuando entrenas con ella ya te das cuenta de que alcanzar su nivel no es solo una cuestión de talento sino de mucho esfuerzo, años de trabajo y mucha experiencia. Yo no puedo hablar por las demás pero, en mi caso, yo sé que aún queda para estar a ese nivel. Definitivamente, no me fui del Rayo por no tener oportunidades en el primer equipo”. Cumplida su temporada de verderón, la vallecana no se ve fuera del Pozuelo. Ha sido la portera titular, ha gozado del reconocimiento de compañeras y cuerpo técnico y de sus guantes han salido muchos de los puntos necesarios para, en una temporada difícil, salvar la categoría para las pozueleras. La niña que soñaba con jugar al fútbol, esa pequeña que regalaba sonrisas con un balón, hoy ya tiene 18 años y sus ojos apenas han cambiado, siguen reflejando esa ilusión por el balón, por el deporte que tanto ama ¿Motivos para sonreír? Todos los imaginables tiene, pero sin embargo, no parece buscar esos motivos. Noelia sonríe, sin más, sin tapujos. Sonríe por el fútbol, por su familia. Sonríe porque es feliz y no necesita motivos, o no desea pensar en ellos. Solo sonríe.

2. Un parón en su carrera

Apenas llevaba un año jugando la pequeña Noelia cuando sucedió. La aparición repentina de unos extraños bultos en el cuello llevaron a sus padres a dirigirse junto con su hija al hospital donde en principio no se dio mayor importancia al asunto. Apenas unas pastillas y la niña regresó a casa hasta por dos veces sin una respuesta o, al menos, no la respuesta correcta. La tercera visita propició más pruebas donde pudo verse de manera inequívoca que la terrible enfermedad del cáncer estaba comiéndose por dentro el menudo cuerpo de Noelia. Comenzó entonces una batalla por la supervivencia donde ella, sus padres y sus hermanos se hicieron fuertes por obligación de la vida. No es el motivo de estas líneas exponer los pormenores de lo que una familia sufre por esta enfermedad. Existen cientos de artículos, reportajes o material audiovisual en los que se pueden encontrar cientos de detalles acerca de este sufrimiento, de esta dolencia, y es en la relación con el deporte donde se pretende hacer hincapié porque Noelia sufrió esta enfermedad y era futbolista. Hoy, 5 años después, seguimos hablando en pasado al respecto del cáncer que sufrió pero no usamos el pretérito cuando hablamos de fútbol. Noelia Escribano no era futbolista, Noelia es futbolista, conjugado en un presente simple que implica y encierra mucho más de lo que pueda a simple vista parecer. Así pues, tras casi un año de tratamiento, de visitas al hospital, de mascarillas, de sueños y de esperanzas, la niña que quería ser portera comenzó a volver al césped en su mente o quizá no, porque en realidad jamás, ni un solo día dejó de pensar en fútbol. Ella misma lo reconoce: “El fútbol fue uno de los pilares que me permitió seguir luchando. Yo pretendía en un principio seguir entrenando con mi equipo pero no me lo permitieron los médicos. Esas ganas de volver a mi equipo fue una de mis mayores motivaciones para sacar fuerzas de donde era difícil encontrarlas”.

Ahora, años después, Noelia sigue jugando, sigue tratando de conseguir cumplir su sueño y sigue sonriendo. Ella vive del fútbol pero no en lo económico sino en lo que le hace sentir cada día. Acaba de empezar su segunda temporada de verde y continúa con sus aspiraciones intactas. “¿Por qué no?” –se pregunta- “¿Por qué no voy a luchar por algo cuando tengo el ejemplo de que se pueden superar todos los obstáculos?”.

Ahora quiere servir de ejemplo manteniendo su humildad intacta: “Yo no soy nadie pero si mi experiencia puede servir para ayudar a los niños que sufren por esta enfermedad, me gustaría poder hacerlo”. Me comprometo a ayudarle a cumplir con este deseo y nos despedimos. Se aleja, y cuando hace rato que la he perdido de vista, aún me sorprendo a mí mismo pensando en la lección de vida que acabo de recibir. Escribo estas líneas sabiendo que no tendré que cambiar ni una sola palabra cuando le haga llegar el borrador y así es. Me dio las gracias infinidad de veces y me confesó que se le habían saltado las lágrimas leyendo este texto pero no puso una objeción ni hizo sugerencia alguna. Fui libre para contar la historia de Noelia Escribano, la niña que vivió del fútbol.

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